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¿Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia?

Este jueves se celebra en todo el mundo el “Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia” al que se han unido gobiernos, ayuntamientos, organismos públicos, empresas.  El término homofobia surgió durante la segunda mitad del siglo XX y en estos momentos se utiliza principalmente para silenciar, acallar y estigmatizar a toda aquella reflexión o crítica sobre este tema.

Muchos expertos en Psicología cuestionan precisamente el término homofobia. Ponen en duda que tenga las características de una fobia, que sería “un miedo extremo o excesivo a una cosa determinada”, y que entre los síntomas físicos perceptibles estarían la falta de aire o una angustia fuerte que puede llevar a un ataque de pánico. Esto no cuadra en las personas que realmente odian a las personas homosexuales. Sería entonces otro caso pero no una fobia.

Precisamente sobre este asunto conversan en una entrevista la periodista Costanza Miriano, al cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Si deseas leer la entrevista completa, publicada también en Religión en Libertad, sigue este enlace. Una entrevista que expone con claridad la vinculación ideológica y que no “lucha” tanto por unos supuestos derechos pisoteados.

Como siempre queremos vincular este artículo a un libro, en esta ocasión se trata de El ocaso de occidente. Un ensayo a cómo se ha encaminado el mundo desarrollado por las tesis de la “ideología de género” que han sido impuestas de forma legislativa y a traves de los medios de comunicación. Hoy, no solo hay derecho a hacer lo que quiera, ahora tengo derecho a ser lo quiera. Y en breve los padres no podrán decidir sobre sus hijos. El estado se encargará de manipularlos para que sean peleles. Ya solo el Cristianismo es la única respuesta ante la barbarie.

 

 

 

 

 

Un “homoescéptico” sale del armario

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“Homoescéptico” es aquel que no odia ni tiene miedo de los homosexuales, pero no comparte sus presupuestos claves

Siempre me ha extrañado el término “homofobia”. Para mucha gente significa tener prejuicios contra, o incluso odiar, a los homosexuales. Wikipedia lo define como “un tipo de actitudes y sentimientos negativos hacia la homosexualidad y hacia la gente identificada o percibida como homosexual”.

De acuerdo con esta definición, la autora y activista a favor de los derechos humanos Coretta Scott King, en un discurso de 1998, puso al mismo nivel la homofobia y “el racismo y el antisemitismo y otras formas de intolerancia”, sobre la base de que “trata de deshumanizar a un amplio grupo de gente, negar su humanidad, su dignidad y su carácter de persona”.

Es comprensible, pues, que a nadie le guste ser calificado de “homófobo” (…) Sin embargo, cuando el término se usó por primera vez significaba en realidad algo muy diferente. La palabra “homofobia” se imprimió por primera vez en un artículo publicado el 23 de mayo de 1969 en el tabloide americano Screw, en el cual se usó para referirse al miedo del varón heterosexual a que otros pudieran pensar que era gay. También fue usado para describir el miedo de la gente que “salía del armario” para declararse homosexual.

Estas definiciones responden mucho más al sentido literal. Después de todo, una fobia es un miedo: claustrofobia, aracnofobia y acrofobia son miedos a los espacios cerrados, a las arañas y a las alturas, respectivamente.

La homofobia de hoy

Para mucha gente, “homofobia” es en realidad el miedo a “ser acusado de intolerancia, prejuicio o discriminación contra los homosexuales”. Este miedo, que es cada vez más común, lleva a la gente a mantener una actitud defensiva para evitar atraerse desaprobación o publicidad negativa. Esto puede llevar a cambiar la propia posición en público, fingiendo adoptar opiniones acordes con el consenso progresista prevalente, negar activamente las propias convicciones o simplemente abstenerse de expresar la propia opinión cuando se discute el tema.

Este tipo de “homofobia” está haciéndose cada vez más común entre los pertenecientes a confesiones que enseñan que el sexo fuera del matrimonio está mal (la mayoría de las religiones mundiales) y no es difícil traer a colación ejemplos de personas, a menudo importantes, en las que esta condición se encuentra muy avanzada.

Para la gente que no odia a los gays, ni se siente molesta por ellos ni los teme, sino que simplemente piensa que el sexo entre personas no casadas (incluido entre personas del mismo sexo) es moralmente erróneo, necesitamos un nuevo término. Me gustaría proponer el término “homoescéptico”, término que todavía no es de uso común y por tanto está abierto a una redefinición.

Lo que no cree el homoescéptico

El Urban Dictionary define al “homoescéptico” como “un miembro de la sociedad que no odia a los homosexuales, sino que generalmente no está de acuerdo con el principio de la homosexualidad en términos éticos y morales”.

Quisiera ampliar esta definición para incluir “al que es escéptico sobre los presupuestos claves del movimiento gay”, creencias tales como:

— la homosexualidad está genéticamente determinada

— la orientación homosexual no se puede cambiar

— la orientación sexual es una característica biológica como la raza, el sexo o el color de la piel

— los sentimientos de atracción hacia el mismo sexo deben ser aceptados y seguidos

— ofrecer ayuda a los que quieren resistirse a esos sentimientos o suprimirlos es siempre erróneo.

Por supuesto, si uno acepta esos presupuestos clave, pensará que la gente que no los acepta es ignorante, intolerante, llena de prejuicios o incluso inmoral. Puede incluso pensar que tales personas no deberían ocupar cargos públicos, expresar públicamente sus opiniones ni ocupar ningún empleo que tenga que ver con aprobar, promover o facilitar la intimidad entre personas del mismo sexo.

Pero si tiene dudas sobre la verdad de alguna o de todas esas creencias –y sospecha que pueden deberse más a presupuestos ideológicos que a pruebas–, entonces uno puede alegar que no es “homófobo” sino “homoescéptico”.

La plataforma editorial Vida Selección, tiene un libro que trata la estratégia mundial y local sobre el comportamiento del lobby gay: CÓMO ENTENDER LA HOMOSEXUALIDAD, de Vicente Villar y Dale O’Leary. Un libro de 144 páginas con un lenguaje sencillo que todos deberíamos leer, porque no debemos pensar que el movimiento gay es lo mismo que la homosexualidad.